lunes, 4 de noviembre de 2013

Tan hermoso el amor de los hombres

Los hombres quieren  más bonito que las mujeres.

Los hombres te quieren y ya está. Y no se preguntan y no te cuestionan, no te dudan más, hasta parecería que dejan de verte. Pero es que no hay nada ya que alegar o que excluir, te quieren con lo que hay, con lo que compraron en toda la bolsa. Y no se imaginan ya más cosas. Ya te quisieron ¿Que no? ¿Ya qué más tiene que pasar? Con querernos debería bastar.

Los hombres te quieren sin pensar más en ello. Sin ataques de inseguridad y paranoia. No quieren saber que estás pensando, o si estás pensando en ellos. Ya te quieren y ya está, no hay que darle tantas vueltas. ¿Y si quieres sufrir? Sufre, que te quiero. ¿Y si quieres joder? Jode que te quiero ¿Y si quieres reír? Ríe que te quiero. Que te quieren sobre todo para verte sonreír.

Y una. Una los quiere para verlos sonreír, para verlos llorar, para ver si de veras me quiere, para ver hasta dónde llega, para ver qué piensa y qué piensa cuando no piensa, para ayudar, para joder, para dormir, para despertar. Los quieres para coger y para no querer coger. Para saber a dónde vas, para que te dejen andar y no te jodan, para que no te suelten. Una los quiere para pegarles y sobarles. Y para verles sonreír, pero para verles sonreír porque una sonríe, no por verles sonreír nomás.

Los hombres te quieren y ya está. En un continuo y exhaustivo: Ya te quiero, carajo ¿Qué más quieres?



miércoles, 25 de septiembre de 2013

Tengo un amigo que conoce todos los secretos de sus amigos.

Y es que es sabio mi amigo, con la sabiduría que se obtiene nomás cuando alguien inteligente y bueno en algún momento del camino se duele.

Porque hay que dolerse para ser sabio. Caerse y rasparse y entonces sentir dolor; pero sentirlo de verdad: olerlo, probarlo, tocarlo y ya bien asimiladito soltarlo. Claro que, en ese caso, además de inteligente y bueno se tiene que ser valiente, como mi amigo. Valiente y cínico.

Y es que es valiente mi amigo, y por eso la gente le cuenta sus secretos. Porque muchos quisieran ser valientes para vivir y para sonreír y vivir más. Es valiente para ser, mi amigo. Y para ser mi amigo también hay que ser valiente.

Y es cínico mi amigo, y se ríe de si mismo, y se ríe de mí, y se ríe de todos nosotros y nuestros secretos. Pero se ríe cálido, se ríe con todo el cuerpo, mi amigo.

Seguro que a veces se cansa, de tantos secretos, y de tan nosotros tan idiotas. Seguro a veces quiere mi amigo encerrarnos a todos sus amigos en un cuarto, y soltar las verdades y dejar que nos hagamos pedazos, a ver si de una vez por todas lidiamos con nosotros mismos.

A veces mejor ya no le cuento mis secretos a mi amigo, porque ya tiene suficientes amigos vaciándose en él, en sus orejas, en su sonrisa y en sus brazos que nunca dicen que no y muy seguido dicen “¡No seas pendejo!”.

Pero ¡que si es mi amigo! Aunque no tenga todos mis secretos. A veces quisiera hacerle un trueque, y guardarle algunos que no tenga donde poner y pagarle con abrazos o con sonrisas, o con insultos nuevos.

Además de todo cree en el amor, mi amigo. En la lealtad, en la familia y en todas esas cosas ya tan pasadas de moda.

Es hermoso mi amigo.

Y yo le quiero.

Y nos queremos.





viernes, 23 de agosto de 2013

Errores gramaticales.

Acá no se borra a nadie. Acá se ponen comas, puntos suspensivos, comillas. Abrimos y cerramos signos de interrogación, paréntesis, exclamaciones. Uno que otro punto y seguido. Para robar tiempo ponemos punto y aparte.

Acá no se borra a nadie, pero se han puesto varios puntos finales.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

Adultos contemporáneos en el país de las maravillas.


Anoche soñé contigo.

Estábamos en algún lugar brumoso, hacía frío, íbamos en pijama. Era algún lugar con playa…olía a que había una playa cercana, y la piel se nos ponía así pegajosita, como la última vez que viajamos juntos…creo que ha sido la única vez.   Entrábamos a un terreno enorme lleno de lo que alguna vez debieron haber sido casas de descanso, como un coto para ricos de antes. Eran todas de madera, abandonadas, con las paredes exteriores pintadas de azul, y los marcos de las ventanas pintadas de blanco. Eran de éstas casas que construyen elevadas, sostenidas a unos metros del suelo por columnas, seguramente estábamos muy cerca de la playa, o la playa alguna vez estuvo muy cerca de ahí. Caminábamos como los que se esconden, como los perseguidos, reíamos. Nos metimos a la más pequeña de las casas a comer hamburguesas. No me preguntes de dónde salían, simplemente nos metíamos a hacer la travesura de comer hamburguesas...hace mucho que no como una. Y mientras comíamos escuchábamos ruidos. Eran mis padres, mis padres juntos, más jóvenes. Hace tanto que no los veía así, mi mente procura no viajar al pasado, no conviene. Nos tomamos de la mano y corrimos, corríamos ríendo a través de los laberintos que las casas formaban, unas más grandes que las otras, todas con escondites, todas comunicadas, todas hermosas y cada vez más grandes, atrapados en una especie de Alice in wonderland meets  The eternal sunshine of the spotless mind…pero cómo reíamos, de lo estúpido que era tratar de escondernos cuando la madera no paraba de crujir, de los rincones que encontrábamos, de la fuente ridícula que apareció de pronto; en algún punto, debajo de una casa alcanzábamos a ver todo el terreno y árboles y y la hermosura de hojas sin barrer sobre la arena y yo te decía “Podría casarme aquí” y tú contestabas “Podrías, pero mejor no” y seguíamos corriendo, y seguíamos ríendo sin soltarnos de la mano…hasta que salíamos, y a la puerta nos esperaban mis papás para irnos y sonreían, y nos mirábamos con complicidad y en nuestra carcajada me desperté.

No  hay casas en la playa ni corremos por escondites y escaleras y áticos, me temo que ya no nos da el físico…pero hay vida y mounstros y miedos, y absurdos y estupideces y a ninguna de las anteriores me has dicho nunca que no. Es tu mano y tu compañía, aún en la más infantil e increíble de las situaciones, una de las pocas constantes en mi vida. Gracias por reírte de mí conmigo.

Te quiero pinche burócrata.

martes, 4 de septiembre de 2012

Karma instantáneo


“¿Sabías que las tejas de almendra precisamente se inventaron para el café del día?” Me dijo el chico de Starbucks, en tono de estar revelándome una de las historias más secretas e importantes del  mundo del café y la repostería.

Sonreí. 

Sí, claro – pensé – antes de Starbucks no existieron las tejas de almendra. Y me imaginé a alguna abuelita repostera retorciéndose en su tumba. Claro que no conozco la historia de las tejas de almendra…ni la de Starbucks, pero me sentí muy inteligente y altanera, muy culta y muy leída pensando en que lo que el chico había dicho era una aberración. Debió haber dicho “Las tejas de almendra se recomiendan para el café del día”. Me entrega el café y al dar el primer paso me echo encima lo suficiente para dejar un camino de gotas desde el escote hasta la cintura en mi blusa blanca. Sonreí aún más. No podía ser de otra manera. Así sucede la vida, recordándonos a cada momento que todos somos pendejos.

A los 5 minutos sonó el celular, era el padre de mi hijo. Algún asunto el fin de semana los tendrá a él y a su mujer fuera de la ciudad, así que de los 4 hijos que tiene, pide que me quede con 3.

“Sí, claro.” Respondí  y seguí sonriendo.

Te lo tienes bien merecido, estúpida,  el barista simplemente estaba siendo amable contigo.

Ahora procedo a investigar la historia de las tejas de almendra, en una de esas la única pendeja soy yo.

Such is life.

lunes, 18 de junio de 2012

Fue en un café


Yo quiero decirle al barista que es muy guapo, que es muy guapo y que sonríe muy bonito. Quiero decirle que me gustan sus brazos, sus tatuajes, su letra en las facturas y su voz. Que sus brazos se ven hermosos preparando café.

Yo quiero decirle al barista “Hola Diego – hoy escuché que se llamaba Diego- me llamo Vero y me parece que eres muy bello” Pero seguro que Diego está acostumbrado, con esos brazos, y esa pinta y sirviendo café en éste barrio.

“Hola Diego, me llamo Vero y quiero decirte que me parece que eres muy bello, y que me gustaría invitarte a tomar un café. Un café, a un barista, claro, qué absurdo, tienes razón. Bueno, un café que se vuelva un trago, un trago de esos que últimamente no me sientan tan bien” y me imagino ya la cara de Diego, de entre pena y burla.

Tendría que decírselo además en fin de semana, porque cuando voy al café vestida de oficinista no me mira. 

Cuando vengo en tenis sonríe.

“Hola Diego –un domingo por la tarde, en tenis- me llamo Vero y quiero decirte que eres muy bello, que me gustaría invitarte un café, pero como seguro no tomas café, me gustaría invitarte un trago, aunque últimamente no me sienten tan bien; y la verdad es que me conformaría con que, para empezar, dejaras que siguiera con mi dedo índice las líneas de los tatuajes en tus brazos, aunque no tomemos café, aunque no tomemos un trago. Total, ¿para qué?”

Y ya me imagino el ceño fruncido de Diego…me lo imagino frunciendo el ceño y estirando su brazo, en silencio, para que yo pueda pasar mi dedo índice por el.

“Hola Diego, me llamo Vero, quiero decirte que me parece que eres muy bello, me gustaría invitarte un café, pero como seguro no tomas café, me gustaría invitarte un trago, o que me lo invitaras tú, para que después dejaras que pasara mi dedo índice por las líneas de los tatuajes en tus brazos, mientras estamos tirados en cualquier sofá, escuchando música, y que cuando termine de recorrer tu tinta me sonrías, y nos escribamos cartas y miremos películas.”

Y luego me imagino que cuando escucho música con Diego él confiesa que le gusta la banda o algo peor y que no puede verme más porque hay una señora del barrio que ya lo tiene en renta, y a mí no me alcanza para pujar.

Me imagino que Diego me confiesa que es casado y tiene dos hijos, casado con una mujer brillante y hermosa…o con una gorda castrante con la que tiene una relación patológica de la que no puede escapar, y aunque nuestra química es innegable, estamos condenados al fracaso.

Y luego me imagino a Diego diciéndome, con esa voz suya tan hermosa, tan grave “Lo siento, pero soy gay”

Y luego simplemente pienso…Hola Diego, me llamo Vero y me parece que eres muy bello, me encantaría salir contigo a tomar un café, y después a tomar un trago y recorrer con mi dedo índice los tatuajes en la piel de tus brazos mientras estamos tirados en cualquier sofá escuchando música; pero por el bien de nuestro inmenso amor, amor que aún antes de nacer está condenado a la tragedia de mi imaginación, me quedaré aquí sentada en la terraza a contemplarte algunas tardes sin dirigirte nunca la palabra.

lunes, 9 de mayo de 2011

Amores que, pasito a poquito, andan.

Llegué a desdisfrazarme en chinga. Mientras botaba los zapatos pensaba en eso que dicen de no esperar al novio en fachas y evitar a toda costa el traje de carácter. ¡Olvídenlo! Llevo 12 horas forrada de poliéster y trepada en los tacones, se acabó el glamour.

Ya en short, camiseta y chancla, agarré el libro pendiente, las papas a medias, la coca y los cigarros y salí a instalarme al balcón. Ese balcón de esa casa nueva, que es más bien vieja, pero en la que todo es nuevo para mi y de la que no he escrito, porque últimamente no escribo de nada.

Pues me he sentado en el balcón, y tenía toda la intención de seguir leyendo sobre las infidelidades de Marías y todas sus almas, pero la vista me interrumpió.

En la acera de enfrente caminan despacito, ella deja que él se recargue en su hombro mientras, ya con el bastón, ya con la andadera, camina de a poquito; y recorren la cuadra mientras conversan y batallan con las piernas y ella ya sostiene el bastón y ya la andadera y siempre a él sobre su hombro, con paciencia.

Esa es la clase de amor que aún no sé sentir, el amor para el que no estoy preparada, el que me aterra, el que no merezco. El amor del que no soy capaz.

El amor que ya no se disfraza ni conserva los tacones hasta que es hora de irse a la cama, el amor en la debilidad.

Mejor vuelvo a Marías y sus infidelidades, seguramente provocadas por una oficinista que se quitó el disfraz antes de tiempo, por hombros débiles y piernas sanas.

lunes, 31 de mayo de 2010

Tan congruente tu incongruencia


 "I should tear your eyes out right now.   
But how will you ever be able to look at yourself in the morning?"

Mira que bonita tu vidita perfecta, tu tirita de brillantes cuentas. Mira que lindas tus cosas, que decentes tus amistades, que propia y dulce esa a la que llamas novia. Que impresionante tu colección de éxitos. Que correctas que son tus expresiones.

Eres un caballero, uno de esos bien portados; Y la familia, y los amigos y el trabajo, sobretodo el trabajo. ¡Qué impresionante que es! Tan joven y capaz, tan preocupado por su gente, pero es que ese chico si que es el paquete completo. ¡Que buen partido! De buena famila, de buena escuela, de buenos modales y en buena empresa. In-ta-cha-ble.

¿Y si les contamos tu secreto? ¡Anda!, solo por diversión saquemos al aire que la realidad es que eres tan mentiroso como el que mas, que llevas años haciendo trampa. Que tu pulcritud no es tal , que dentro tuyo había algo pidiendo a gritos que se fuera al olvido la decencia, y que le has hecho caso.  Que encuentras fascinante jugar con la gente, que prometes a destajo, que tu vanidad ha alcanzado proporciones épicas, que eres descuidado, ególatra, hipócrita e infiel. Que en realidad piensas que todos son imbéciles, y que tu cuidar los sentimientos ajenos y tu tacto no son más que la manera en que manejas las cosas a tu antojo y las mantienes por lo bajo para por todos los medios no satisfacer más que las  propias demandas. Digamos a los cuatro vientos que comes sin hambre, duermes sin sueño y coges sin amor. Narremos tus perversas y deliciosas fantasías, solo por la diversión de ver su cara, sobre todo por la diversión de ver la tuya. Y si todos se enteran que eres de carne y hueso ¿qué? ¿Qué pasa si les dices la verdad? Si te dices la verdad.

¡Bah!¿Y de que serviría? Total, mientras lo puerco no se te note, aunque un poquito se huela, para eso están los perfumes finos.

Larga vida a Ralph Lauren y Donna Karan

jueves, 20 de mayo de 2010

Heridas para sanar

Siento inmensas e intensas ganas de llorar y un desesperado deseo de besarte.

Nada tienen que ver la una con la otra, ni se provocan a si mismas, es más, hacer ambas al mismo tiempo sería maravilloso.


Soltarme y dejarme caer, y en ese vaciar, en ese irme...recibirte y besar de tus labios mis lágrimas de sal.

Que arranques a fuerza de uñas lo que sobre mis hombros pesa, que la lija en tu rostro me recorra y se lleve lo que me contiene.

Que la que soy se pierda para que me tengas.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Gota a gota

Te llena este amor en el que te vacías.

Respiras este amor que te estrangula, que te ahoga.

Cicatrizas con este amor y sus heridas

Inquebrantables los amores que nos rompen...indestructibles los hermosos, largos y rojos amores que destruyen, que beso a beso te desangran.