miércoles 2 de junio de 2010

¡Vamos, vaamos, vaaaamos!! Al circo... ♪

Con las luces encendidas, la música a todo y la mesa puesta y llena de manjares, en la cumbre de la fiesta y a mitad de maravillosa función...me jalaron el mantel. La cosa es que no soy  yo Mago Experto pues, volaron vasos, copas, platos, mi taza favorita; no sabía bien lo que sucedía y en la confusión mis pies descalzos pisaron trozos de cristal. Tropecé, caí, las heridas fueron varias y muy escandalosas. Al fondo: risas, carcajadas, dedos señalando. Así, en esas condiciones, salí de aquella carpa de fin de semana para ir a casa. Los cristales se enterraron aún más cuando tomé el volante y puse el pie en el pedal, después, subir las escaleras fue terriblemente difícil.

Sin terminar de entender lo que pasaba durante algún tiempo contemplé mi piel, sentada en la cama dejé que la sangre corriera mientras intentaba descifrar como se truncó violentamente un momento perfecto. No se cuantas horas permanecí sentada observándome, sin hacer el menor intento por lavarme, por prevenir una infección o herida más profunda, por quitarme lo que continuaba lastimando; a ratos dormía (o perdía el sentido no lo sé) trataba de llorar, pero la debilidad era tanta. Poco a poco pasaban los efectos de los paliativos consumidos y aumentaba la sensibilidad. Finalmente, días después, decidí curarme, digo, no iba a morir por una vajilla rota. No llamé a nadie, no fui a un hospital. ¿Qué iba a decirles? ¡¿Que estaba jugando, que hacíamos malabares, que caminaba por la cuerda floja sin red y disfrazada de payaso? Nada, que así son los niños, traviesos y crueles, sobretodo crueles cuando tanto tienen y nada quieren,  pero ¿quién le manda a una crecer?, si eso no es obligatorio, ¿Quién le manda a una? ... y a eso se va, a eso ibas: a vivir absurdos, a observar y hacer el ridículo, a los malabares, al equilibrio, a colorear la decadencia. A ser niño, a maquillarse la tristeza.

Corrió el agua, se llevó el rojo, no era tan grave, fue cuestión de poquito a poquito desenterrar pedacitos, repasar la función, asumir y soltar. Me empujaron y caí, me pusieron el pie para reírse. ¿Y qué? Se me perforó el orgullo un poquito si, pero no se perdió gran cosa. Fue una travesura, una broma pesada ¿Qué vas a ganar si te rompes? Nada, pero ¡ay! lo de tiempo que se va a perder. Además, ya sabías, las aventuras así son. No es grave (pero de todas formas si quieres no le decimos a nadie lo pendeja que estás, mira que no verlo venir) Agua, jabón, sana, sana colita de rana. Peores han pasado. 

¡Maldita memoria! disuelve datos importantes presentes en la cordura, pero es resistente al alcohol,los sinsentidos y las experiencias olvidables.

El tiempo ha pasado y me aferré al silencio hasta que fueron desapareciendo las risas en mi cabeza y se borró la evidencia de mi piel. Decidí dejar de reprocharme y volví con renovadas fuerzas.

¿Jugamos al circo otra vez?

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